jueves, 29 de octubre de 2020

La expresión exacta

Dice Lázaro Carreter:

“ Que se exprese bien una sociedad ha de ser un primordial objetivo educativo. Pero habar bien no quiere decir hablar rápido y seguido, o con piezas ociosas de quitaipón, sino establecer una correspondencia justa entre lo que se quiere decir y lo que se dice. A quienes no aspiramos a quintilianos ni a jerónimos, a quienes no soñamos con ser milagros del foro, el parlamento o el micro, no debe importarnos el titubeo aunque nuestra profesión o una ocasión cualquiera nos obligue a hablar en público. Nadie me inspira mayor confianza que aquel que, aun con dotes de fluencia verbal, vacila pugnando por hallar una expresión exacta. Se cuenta no sé con qué verdad, que un estilo titubeante fue muy característico de algunos miembros ilustres de la Institución Libre de Enseñanza; y que se hizo puro amaneramiento en ciertos epígonos suyos, los cuales tartamudeaban para alardear de grave seso.”

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miércoles, 21 de octubre de 2020

 A nivel de imagen

Dice Lázaro Carreter:

“He aquí literalmente transcrita la pregunta que un locutor radiofónico lanzó hace poco, en una entrevista, a un director de cine, ‘¿No crees que a nivel de imagen, tu cine ha evolucionado de alguna manera hasta hacerse como más autónomo semióticamente?’, Yo iba conduciendo cuando oí esto, y hube de orillar el coche y detenerme para cobrar aliento. Me pareció un milagro que todo siguiera en pie, y que la gente continuara yendo a sus asuntos como si aquel hecho no se hubiese producido. ¿Cuánta es la resistencia de la ciudad, capaz de encajar sin daño aparente las ondas miasmáticas que la acribillan creando tan densa contaminación verbal? Ni siquiera al entrevistado le afectó la pregunta, pues respondió que sí, que su cine, ‘a nivel de imagen’, se había hecho ‘como más autónomo’, ‘semióticamente’, ‘de alguna manera’. Y continuó vivo.”

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jueves, 15 de octubre de 2020

 Acabar, terminar o concluir

Dice Lázaro Carreter:

“Invito a mis posibles lectores españoles (no sé si sucede lo mismo en América, por lo que he de limitar mi invitación) a recorrer con atención los diarios o las revistas, y a escuchar cualquier emisión de radio o de televisión en busca de los verbos ‘acabar, terminar o concluir’. Lo normal será que no lean u oigan más que ‘finalizar’, todo ‘finaliza’, nada ‘acaba, termina o concluye’. La prensa y el gremio casi unánime del micro han decidido jubilar esos tres verbos españoles, y privilegiar con su sobo al otro, por completo inocente de tal idolatría.  Muy formalmente solicito de quienes  me leen esta comprobación, para exhortarles a una cruzada que rescate a aquellos exiliados. Oigan un rato las conexiones dominicales de radio que informan sobre la marcha de los encuentros de fútbol, conecten la televisión cuando va dando cuenta de los resultados, y los partidos están a punto de...: torrentes de ‘finalizar’ se precipitan, se empujan por los altavoces en incontenible y mareante hemorragia.”

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jueves, 8 de octubre de 2020

 Normalización del idioma

Dice Lázaro Carreter:

“Según mi intención, ‘normalizar’ significa  tan sólo ( y nada menos) esto: en la prensa escrita y en ciertos programas de radio y de televisión, se habría de poner buen cuidado en emplear sólo el español que, en todo su dominio, se reconoce como ‘buen español’; en introducir los vocablos nuevos progresivamente; y en corregir con suavidad y cuando aún se esté a tiempo las divergencias ya establecidas. No creo, por ejemplo, que fuera imposible, aunque sí larga tarea, ir eliminando del español de España los feos anglicismos ‘aparcar, aparcamiento’, sustituyéndolos por ‘estacionar y estacionamiento’, normalmente preferidos en América, con lo cual, en ese punto, se suprimiría una innecesaria diferencia. Radio, televisión y prensa acordes, podrían cerrar centenares de brechas abiertas en la unidad del idioma por la irreflexión o por el capricho, sin olvidar nunca que las soluciones americanas son, en multitud de casos, preferibles a las nuestras.”

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viernes, 2 de octubre de 2020

 La fragmentación del castellano

Dice Lázaro Carreter:

“Ahora crecen los motivos para sentir inquietud. La fragmentación del castellano no es aún una amenaza inmediata; pero es ciertamente una amenaza. Por ejemplo: el objeto que en España llamamos bolígrafo recibe seis o siete nombres diferentes en el ámbito hispano. Si esta facilidad de dispersión  léxica se multiplica por los cientos y cientos  de objetos impuestos por la vida moderna que hay que nombrar y adjetivar, la ruptura puede acontecer quizá con rapidez insospechada. Sin la acción coordinada de los sistemas docentes y de las Academias de todos los países hispanohablantes, y sin la atención rigurosa que deben prestar quienes hablan y escriben para el público a cómo lo hacen, las predicciones sombrías de algunos distan de ser fantásticas.”

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sábado, 26 de septiembre de 2020

 Hacer acto de presencia

Dice Lázaro Carreter:

“Los rodeos perifrásticos no pertenecen al ‘genio de nuestra lengua’; quienes los emplean deberían esforzarse, si no en evitarlos por completo, en emplearlos con tiento. Hay uno que pulula por doquier. Una noticia en un periódico de hoy da cuenta de un atraco: ‘Tres individuos armados hicieron acto de presencia en una sucursal bancaria y se llevaron dos millones’. Es claro que el redactor, amiguísimo del meandro, ha querido evitar los llanos verbos ‘presentarse, aparecer’ u otro cualquiera que allí hiciera buen papel. Lo de ‘acto de presencia’ le resulta más fino, más culto, infinitamente más actual.

Lo malo es que la expresión ‘hacer acto de presencia’ significa, según dice la Academia, ‘asistencia breve y puramente formularia a una reunión o ceremonia’. ¿Era eso lo que hicieron los atracadores del banco, que metieron el resuello en el cuerpo de una docena de personas, y arramblaron con los dos millones?”

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lunes, 21 de septiembre de 2020

 Ciento por ciento afirmativo

Dice Lázaro Carreter:

“Es la lectura la que va edificando la conciencia lingüística, la que perfila los rasgos de lo que antiguamente se llamaba ‘el genio de la lengua’. Es decir, la propiedad que una lengua tiene de ser ella misma, y que, impresa en la mente de sus hablantes les permite dilucidar cuánto la viola, hasta sentirlo como insufrible. Paradójicamente, esa conciencia es más nítida en el pueblo llano que en muchos ‘cultos’. Oí días pasados en el aeropuerto de Málaga un fragmento de la conversación de un mecánico que, desde el vestíbulo, se comunicaba por medio de un radiotransmisor con un compañero que trabajaba dentro de un avión: ‘¿está ya arreglado ese asiento?’, preguntaba el de fuera. Y la contestación fue: ‘ciento por ciento afirmativo’. Póngase a la respuesta acento andaluz, y se tendrá un anticipo de lo que puede ser en unos años el castellano popular.”

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